Anillos de Crecimiento de los Árboles Revelan Aumento sin Precedentes en Extremos Climáticos en Sudamérica

Nuevo Atlas Comprensivo de Sequías de Sudamérica Cubre los Últimos 600 años

by |July 7, 2020

Científicos han llenado un gran vacío de información climática mundial al reconstruir 600 años de cambios de humedad del suelo en el centro-sur de Sudamérica. Además de documentar los mecanismos detrás de los cambios climáticos naturales, el nuevo Atlas Sudamericano de Sequía revela que las sequías severas expandidas y los períodos inusualmente húmedos sin precedentes han ido aumentando desde mediados del siglo XX.  El estudio sugiere que el aumento de esta inestabilidad podría deberse, en parte al calentamiento global, junto con la contaminación previa de la atmósfera por productos químicos que debilitaron el ozono. El Atlas fue publicado esta semana en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences.

(Read this article in English)

Las recientes sequías han golpeado la agricultura en amplias áreas del continente, tendencias que el estudio considera “alarmantes”. El autor principal, Mariano Morales, del Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales del Consejo Nacional de Investigaciónes Científicas y Técnicas, dijo“, Los eventos hidroclimáticos, cada vez más extremos, son consistentes con los efectos provocados por las actividades humanas, pero el Atlas por sí solo no proporciona evidencia sobre cuánto de los cambios observados se deben a la variabilidad climática natural frente al calentamiento inducido por el humano”.  El nuevo registro de largo plazo “destaca la extrema vulnerabilidad de Sudamérica a los eventos climáticos extremos”, dijo Morales.

El coautor Edward Cook, director del Tree Ring Lab en el Lamont-Doherty Earth Observatory de la Universidad de Columbia en Nueva York dijo: “No queremos saltar del precipicio y decir que todo esto es cambio climático”.  Hay mucha variabilidad natural que podría imitar los efectos del cambio climático inducido por el humano”.  Sin embargo, dijo, armados con el nuevo registro de 600 años, los científicos están mejor equipados para resolver el tema”.

Bosque de Araucaria araucana en el norte de Patagonia, Argentina, utilizado en el estudio. Algunos árboles de esta especie pueden vivir 1,000 años. (Ricardo Villalba, Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales en el Consejo Nacional de Investigaciónes Científicas y Técnicas)

El Atlas Sudamericano de Sequía es el último de una serie de atlas de sequía desarrollados por Cook y sus colegas, que recrean muchos siglos de condiciones climáticas anuales en América del Norte; Asia; Europa y el Mediterráneo; Nueva Zelanda y el este de Australia. Estudios posteriores que se basan en los atlas han producido nuevos conocimientos sobre cómo las sequías pueden haber afectado negativamente a las civilizaciones pasadas y el papel cada vez más evidente del calentamiento inducido por los humanos en el clima moderno. Más recientemente, los análisis de monitoreo de América del Norte han sugerido que el calentamiento está impulsando lo que podría ser la peor sequía jamás conocida en el oeste de los EE.UU.

El nuevo atlas cubre Argentina, Chile, Uruguay, Paraguay, la mayor parte de Bolivia y el sur de Brasil y Perú. Es resultado de años de colecciones de campo de miles de registros de anillos de árboles, y análisis posteriores de investigadores sudamericanos, junto con colegas en Europa, Canadá, Rusia y Estados Unidos. Los anchos de los anillos de crecimiento generalmente reflejan cambios anuales en la humedad del suelo, y los investigadores mostraron que los registros de anillos se correlacionan bien con las sequías e inundaciones registradas a principios del período colonial español, así como con las mediciones instrumentales modernas. Esto les dio confianza para extender la reconstrucción de la humedad del suelo a períodos pre-históricos.

Los autores dicen que los cambios naturales en los patrones de sequías y lluvias son impulsados ​​por interacciones complejas en los patrones de la circulación atmosférica en la tierra y en el mar. Un factor clave: vientos del oeste de baja altura que transportan humedad al continente desde el Pacífico. Estos son controlados en parte por cambios cíclicos en las temperaturas de la superficie del mar tanto en el Pacífico como en el Atlántico, que pueden provocar sequías y períodos húmedos. Los autores dicen que los cambios impulsados ​​por los gases de efecto invernadero en estos patrones de circulación parecen estar vinculados a una sequía prolongada de 10 años, que aún continúa, en Chile central y el oeste de Argentina que ha causado una grave escasez de agua, junto con la ocurrencia de lluvias más fuertes de lo normal en las regiones orientales.

Una sequía continua de una década ha afectado a gran parte de Chile y el oeste de Argentina. En la foto, Natalia Edith Codoceo Flores entre las ruinas del pueblo chileno de Gualliguaica, que fue inundado por la creación de un embalse durante la década de 1990; en la actualidad el agua ha retrocedido casi por completo. (Foto de Francesco Fiondella/International Institute for Climate and Society, tomada el 29 de abril de 2013).

La precipitación también está controlada en parte por la Oscilación Antártica, un cinturón de vientos del oeste que rodea la Antártica. Este cinturón se contrae periódicamente hacia el sur o se expande hacia el norte, y cuando se contrae, debilita los vientos del oeste que traen lluvia a América del Sur. En las últimas décadas, este cinturón se ha quedado atascado en el sur, en gran parte como resultado de la emisión de los productos químicos utilizados en los refrigerantes del siglo XX que destruyeron el ozono atmosférico sobre la Antártica, explican los científicos. Los productos químicos fueron prohibidos en la década de 1980, pero sus efectos han persistido.

El tercer factor principal es la llamada celda de Hadley, un fenómeno global que eleva el aire cálido y húmedo cerca del ecuador y lo envía más al norte y al sur, dejando caer la precipitación a medida que avanza. El aire desciende y se deposita cerca de la superficie en latitudes subtropicales, momento en el cual la humedad ha sido expulsada en gran medida; esto crea las zonas permanentemente secas de los subtropicos, incluidas las de América del Sur. Durante las últimas décadas, la celda de Hadley se ha expandido hacia los polos, probablemente en respuesta a los cambios climáticos inducidos por el humano, cambiando los patrones de lluvia y ampliado las zonas secas subtropicales, especialmente en el hemisferio sur.

El Atlas indica que ha habido un aumento constante en la frecuencia de sequías extendidas desde 1930, con tiempos de retorno más cortos desde la década de 1960, alrededor de 10 años. La grave escasez de agua ha afectado el centro de Chile y el oeste de Argentina entre 1968-1969, 1976-1977 y 1996-1997. Actualmente, las regiones secas del centro de Chile y el oeste de Argentina están sumidas en una de las sequías persistente más grave de la que se tenga constancia. En algunas áreas, se han perdido hasta dos tercios de algunos cultivos de cereales y vegetales durante algunos años extremadamente secos. Esto amenaza “el posible colapso de los sistemas alimentarios”, dice Morales.

Mientras que las regiones occidentales del continente están sufriendo sequías, en regiones orientales se están produciendo precipitaciones extremas. En la foto, se observa un pastizal inundado en las afueras de Las Brujas, en el sur de Uruguay. (Foto de Francesco Fiondella/International Institute for Climate and Society, tomada el 4 de diciembre de 2014).

Al mismo tiempo, en el sudeste del continente se están produciendo lluvias más fuertes de lo normal. Walter Baethgen, quien dirige la investigación agrícola en América Latina para el International Research Institute for Climate and Society (IRI) de la Universidad de Columbia en Nueva York, dice que sus estudios muestran que en la cuenca del Plata de Uruguay se han registrado con mayor frecuencia veranos extremadamente húmedos desde 1970, con el correspondiente aumento en la producción agrícola y ganadera. Pero la frecuencia de veranos muy secos se ha mantenido igual, lo que se traduce en mayores pérdidas de rendimientos esperados cuando llegan las sequías, dijo Baethgen.

“Todo es consistente con la idea de que se intensificarán los eventos húmedos y secos con el calentamiento global”, dijo Jason Smerdon, científico climático de Lamont-Doherty y coautor del estudio.

Utilizando nuevos registros de anillos de árboles de Perú, Brasil, Bolivia y Colombia, el grupo ahora está trabajando en la expansión del Atlas para cubrir todo el continente, y extender la reconstrucción climática para los últimos mil años o más, dijo Morales.

Los autores dedican este trabajo a la memoria de la Dra. María del Rosario Prieto, coautora de esta publicación y activa promotora de los estudios de Historia Ambiental en América del Sur.

Traducción de Inglés por Vilma Rivera Gallagher.

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